El sentido común y la ciencia psicológica

La psicología rodea nuestras vidas por completo. Desde la niñez y la adolescencia hasta la vejez, los fenómenos como el olvido y la memoria, nuestros sueños y sentimientos, los trastornos y la psicoterapia, todo esto y mucho más hace que la psicología se ha convertido en “el pan nuestro de cada día”.

Por un lado, los canales de la información están llenos de temas sobre el funcionamiento de nuestro cerebro y la mente, la recuperación de los recuerdos traumáticos, los detectores de mentiras, el amor, la educación de los niños, los abusos sexuales, etc., y por otro lado, en las librerías abundan textos sobre la autoayuda, el relacionamiento en pareja, la sanación interior y otros temas, llenos de consejos sobre cómo superar estas dificultades de la vida, libros y sitios web que, debido a su evidente popularidad, se han convertido en un gran “psico-negocio”.

Resulta, sin embargo, que gran parte de estos consejos se basan en el llamado “sentido común” y los supuestos derivados de él, que si no siempre son definitivamente falsos y carentes de evidencias científicas, al menos están sacados del contexto y mal interpretados. De esta manera se convierten en fuente de desinformación: una mezcla de medias verdades y hasta absurdos. Por eso me propongo en este artículo señalar la diferencia que existe entre la ciencia y el sentido común, lo cual se relaciona estrechamente con la aparición y la popularidad de los mitos de la psicología popular.

Dichos mitos gozan de un gran éxito porque generalmente responden a nuestras intuiciones, corazonadas instintivas o las primeras impresiones que tenemos de los fenómenos, es decir responden a nuestro sentido común, sentido elogiado por las celebridades, las personalidades públicas y hasta por algunos filósofos y científicos. Y cuando los resultados de las investigaciones científicas chocan con él, las personas optan por darle más crédito al sentido común que a estas investigaciones.

Sin embargo, existen evidencias más que suficientes que muestran que nuestro sentido común es insuficiente cuando se trata de la percepción de la realidad, y que nuestra excesiva confianza en él no es tan justificada como creemos. Muchas de las afirmaciones científicas, entre ellas también las psicológicas, desafían y parecen contradecir nuestro sentido común. Parece ser más saludable en este campo desconfiar en el sentido común y empezar a examinar y verificar los hechos relacionados con las afirmaciones científicas. Esto, desde luego, no lo es fácil de buena a primera, y por eso, para comprender la ciencia y la psicología debemos aprender los nuevos estándares del pensamiento y desaprender los antiguos, especialmente cuando se trata de la tendencia de aceptar intuitivamente nuestras corazonadas como hechos ciertos.

Hay que señalar sin embargo que no toda esta “sabiduría” popular psicológica está errada. Por ejemplo, todo el mundo cree que los trabajadores felices y contentos rinden más en sus labores que los obreros que no están satisfechos con su trabajo. Además, en este caso, existen estudios psicológicos que confirman dicha creencia. Sin embargo, por otro lado hay numerosos estudios que advierten sobre el peligro de una desmedida confianza en algunos supuestos que comúnmente circulan en la sociedad, simplemente porque nuestra percepción suele ser engañosa. Para ilustrar esto, consideremos un ejemplo muy conocido: Por cientos de años la humanidad creía que la Tierra era plana y estaba suspendida inmóvil en el espacio. Esta es una consecuencia lógica de la observación y el sentido común: lo plano de la Tierra resulta evidente cuando caminamos o nos desplazamos en un automóvil sobre su superficie, y el “hecho” de que esté suspendida en el aire lo observamos cuando el sol sale de un lado de nuestro planeta para entrar por el otro lado, como si girara alrededor de ella. Al parecer no existe cosa más obvia que esta: sin embargo toda la ciencia moderna nació del hecho de rechazar esta tesis que tanto sentido común tenía.

A continuación voy a presentar dos ejemplos en las que el sentido común juega una mala pasada a la intuición de las personas. El primero se relaciona con el dibujo que podemos ver más abajo y que ha sido utilizado en un experimento de Michael McCloskey en 1983, quien pidió a los estudiantes que adivinaran la trayectoria que tendrá la bala disparada de los objetos espirales, en los que se encuentra. Más de la mitad de los respondientes dio una mala respeusta, señalando que la bala seguiría el movimiento circular representado en la opción de la derecha: la intuición falló a estos encuestados.

Otro ejemplo se conoce con el nombre de las “mesa de Shepard”, ya que fue este psicólogo que publicó el dibujo que vemos más abajo en 1990 junto con la pregunta ¿Cuál de las dos mesas es la más grande? La primera mirada ya nos indica una respuesta obvia. Sin embargo sorprendentemente ambas mesas son exactamente iguales (lo puedes comprobar si imprimes esta parte, cortas el contornos de las mesas con tijeras y las superpones). Las mesas de Shepard son un ejemplo más de una ilusión óptica que engaña nuestro cerebro y cuyo mecanismo es parecido a las ilusiones cognitivas que nos hacen interpretar mal la realidad.

La mayoría de los mitos de psicología popular, de los que trato en esta parte de mi blog, son precisamente ejemplos de estas ilusiones cognitivas porque en vez de hacernos conocer un fenómeno de la realidad muchas veces nos engañan con respecto a ella.

3 comentarios sobre “El sentido común y la ciencia psicológica

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